El uso del tipo de cambio oficial como un ancla contra la inflación ha generado una fuerte apreciación en dólares que destruye la competitividad de las exportaciones argentinas, provocando una caída sistemática en los envíos de piezas y vehículos hacia mercados clave como el de Brasil. A pesar de los recientes anuncios gubernamentales referidos a la reducción paulatina de los derechos de exportación, las medidas resultan paliativos menores frente a una estructura de costos internos que expulsa a la Argentina del selecto grupo mundial de naciones fabricantes de automotores.
La recesión sectorial se profundiza por la combinación de una caída del diecinueve por ciento en la producción general de unidades y una liberación importadora que desplaza al componente local del mercado de reposición. Compañías globales de componentes pesados como Scania en Tucumán e Iveco en Córdoba han tenido que aplicar suspensiones intermitentes y reducir sus ritmos de trabajo a un solo turno debido a la retracción de pedidos internacionales. Los analistas del sector advierten que la estrategia del Banco Central de mantener un esquema cambiario rígido incentiva el ingreso de unidades terminadas desde el exterior en detrimento de la manufactura local. La parálisis de la maquinaria pesada y el retroceso en los eslabonamientos de valor señalan que el superávit comercial que exhibe el Gobierno no es el resultado de una expansión exportadora, sino la dolorosa consecuencia de un freno histórico en las importaciones productivas.