Tras meses de un modelo que benefició al estrato más alto mediante el anclaje cambiario, los últimos reportes del Banco Central y el INDEC revelan un agotamiento prematuro. La caída en la compra de divisas y el desplome de los créditos hipotecarios exponen que la recesión ya no distingue clases sociales y empieza a devorar la capacidad de ahorro de la media-alta.
El relato de una Argentina que crecía «a dos velocidades» se enfrenta hoy a una realidad estadística incontrastable. Mientras el Gobierno se apoya en el auxilio financiero externo para sostener el valor del dólar, los indicadores de la economía real muestran que el dinamismo se ha esfumado incluso para quienes tienen ingresos en el decil superior. La compra de dólar ahorro por parte de individuos ha tocado niveles mínimos históricos desde la liberación del cepo, una señal clara de que el excedente financiero de las familias se está evaporando bajo la presión de las tarifas y el costo de vida en dólares.
Desde el sector oficialista intentan minimizar el impacto, pero el enfriamiento es sistémico. La banca pública, encabezada por el Banco Nación, ha quedado como el único sostén de un mercado hipotecario que retrocedió un 20% en el primer trimestre. Esta concentración del crédito en manos del Estado, sumada a la retirada de los bancos privados, evidencia que el mercado no confía en la sostenibilidad del modelo a largo plazo. La apuesta de Javier Milei por una economía primarizada y extractiva parece estar agotando su capacidad de derrame incluso hacia los sectores que, hasta hace poco, disfrutaban de las mieles del retraso cambiario.