El gasto en la canasta de servicios públicos para un hogar promedio sin subsidios en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) alcanzó los $266.456 en octubre de 2026, una suba interanual del 56%, es decir, 23 puntos porcentuales por encima de la inflación estimada del 33% para el mismo período. El dato surge de un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP, que depende de la UBA y el CONICET.
El peso sobre el bolsillo es directo: esa canasta representa el 13% del salario promedio registrado estimado del mes ($2.062.611). Dicho de otro modo, con un sueldo alcanza para comprar 7,7 canastas de servicios públicos, frente a 9,3 en octubre de 2025. El transporte explica el 49% del gasto y se presenta como el de mayor incidencia sobre los ingresos del hogar.
La comparación de fondo es más elocuente: entre diciembre de 2023 y octubre de 2026 la canasta de servicios se incrementó 860%, frente a un aumento del 261% en el nivel general de precios. En los hogares del AMBA, las tarifas cubren en promedio el 57% de los costos y el Estado se hace cargo del 43% restante, una cobertura dispar entre segmentos y servicios.
Por servicio, el incremento interanual más fuerte fue el de transporte, con 69%, por encima del IPC estimado. Le siguieron energía eléctrica (49%), gas natural (47%) y agua (41%). En lo que va de 2026, el gas natural encabeza las subas con 84,3%, seguido por transporte (55,6%) y agua (38,6%), todos por encima del 26,1% del IPC general entre enero y octubre; solo la electricidad quedó por debajo, con 11%.
El informe también mide el otro lado de la ecuación. Los principales subsidios económicos a Energía y Transporte acumulan un aumento nominal de 27% anual a octubre, lo que implica una variación real del 3% interanual: energía subió 8% y transporte cayó 25%. En los últimos doce meses corridos, los subsidios son 61% menores a los de diciembre de 2023 y 74% inferiores al pico de junio de 2022, con un estancamiento en torno a los $11 billones anuales.
El resultado es un ajuste que se paga en la factura: menos transferencias estatales, tarifas que corren por encima de la inflación y un gasto fijo que ya compite, en proporción, con los rubros centrales del presupuesto familiar.