Con apenas un 15% del PBI destinado al financiamiento privado, el mercado local se encuentra a una distancia sideral de economías como la de Chile, donde el crédito representa el 104%, o Brasil con el 76%. Los analistas internacionales atribuyen esta parálisis a la continua volatilidad cambiaria y a una política de contracción monetaria que, si bien busca contener los agregados, ha terminado por destruir los préstamos hipotecarios, los cuales apenas equivalen a un marginal 1 punto del producto bruto.
A este estancamiento del financiamiento genuino se suma el peligroso incremento de la mora general, consolidada por encima de los 5 puntos porcentuales en el último bienio. Aunque algunos reportes privados sugieren que la morosidad de las entidades no bancarias podría estar encontrando un techo técnico debido a una leve moderación de las deudas en relación con los ingresos de marzo, el volumen total de activos tóxicos en el sistema financiero general quintuplica los valores de la década pasada. La combinación de factores coyunturales nocivos perpetúa un escenario donde el crédito deja de ser un motor de desarrollo para transformarse en una trampa de deuda tanto para las pymes como para los consumidores.