Mientras el Poder Ejecutivo exhibe índices de desempleo de un dígito, el director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, asegura que el mercado laboral sufre una fragmentación estructural histórica.
El director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, salió al cruce de las narrativas oficiales que intentan maquillar la crisis laboral en la Argentina. En declaraciones recientes, el especialista advirtió que limitarse a evaluar el estado del empleo a través de la tasa de desocupación tradicional resulta insuficiente y engañoso. De considerar adecuadamente a la inmensa masa de ciudadanos que subsisten mediante subempleos inestables y changas extremas, la cifra real de personas con serios problemas de inserción laboral trepa de manera alarmante a casi el 30% de la población económicamente activa.
Esta preocupante realidad es el resultado directo de políticas macroeconómicas que destruyeron un millón de puestos de trabajo registrados en la última década, acelerándose fuertemente durante la actual administración, donde se concentró casi la mitad de esa pérdida histórica. El vaciamiento de la estructura salarial formal no fue un accidente, sino la consecuencia de un esquema que prioriza la timba financiera por sobre el desarrollo productivo, forzando a los trabajadores a refugiarse en un esquema de autoempleo precario que el gobierno insiste en catalogar de forma cínica como «crecimiento emprendedor autónomo».
La polarización que denuncia la UCA deja al descubierto el fracaso del derrame prometido por el oficialismo. Con solo un 30% de los trabajadores integrados en actividades de alta productividad frente a un 70% relegado a sectores de bajísima rentabilidad, el mapa socio-laboral del país dibuja dos países incompatibles entre sí. El análisis de Salvia es un duro revés político para un gobierno que ignora la profunda fragmentación social y pretende gestionar un país basándose en planillas de Excel desconectadas de la vida real de los trabajadores.