El desplante de Javier Milei hacia Luiz Inácio Lula da Silva dejó de ser una anécdota para convertirse en política de Estado. Los insultos del Presidente al mandatario brasileño desnudan una forma de hacer relaciones exteriores que asfixia el vínculo con el principal socio comercial de la Argentina. Tanto es así que un grupo de diputados opositores decidió viajar a Brasilia para intentar «recomponer» una relación que la gestión libertaria viene dinamitando a fuerza de agravios y desplantes.
La delegación, organizada por Nicolás Massot y solventada por cada legislador de su propio bolsillo, se reunirá con senadores y diputados brasileños y con la vicecanciller María Laura da Rocha. El dato no es menor: mientras el relato oficial insiste en una Argentina que «se abre al mundo», los representantes de la oposición tienen que pagarse el pasaje para arreglar lo que el Ejecutivo nacional rompió. El fracaso del relato queda expuesto en cada gesto: ni siquiera el oficialismo se anima a defender en el Congreso el trato que Milei dispensa a un socio estratégico de la economía real.
La lectura de fondo es sistémica. Brasil es el destino de buena parte de la producción industrial y agropecuaria bonaerense, y el enfriamiento del vínculo bilateral golpea de lleno a la economía real de la Provincia, que ya soporta el ajuste, la caída del consumo popular y un aparato productivo vaciado. Romper con el principal comprador de lo que se produce en Buenos Aires no es un capricho diplomático: es un golpe más del modelo a la matriz productiva provincial, un eslabón más del vaciamiento que la gestión libertaria ejecuta sobre el motor productivo del país.
El viaje de la oposición, entonces, no es un simple gesto de cortesía. Es la evidencia de que la política exterior del Gobierno dejó de cuidar los intereses del país y pasó a cobrarse víctimas en el terreno donde más duele: el trabajo, las exportaciones y las economías regionales. Mientras la gestión libertaria insiste con su recuperación en «V», son otros los que cruzan la frontera a juntar los pedazos del vínculo que Milei dejó rotos.