La presión no llega por casualidad. Diputados y senadores argentinos se reunieron con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos para recibir un pedido explícito: dar marcha atrás con la reserva del artículo II del tratado sobre patentes, la cláusula que históricamente blindó la producción local de medicamentos y la propiedad intelectual frente al avance de los laboratorios extranjeros. Lejos de un trámite técnico, la escena es la foto exacta del modelo que impulsa la gestión libertaria: alineamiento con Washington, apertura irrestricta y entrega de la soberanía productiva como si fuera un botín a repartir.
Levantar esa reserva golpea de lleno a la economía real. El artículo II fue el resguardo que permitió a la industria farmacéutica nacional producir y sostener empleo e insumos sin quedar atada a los precios y a las condiciones que imponen las multinacionales del sector. Mientras el relato oficial insiste en una «recuperación en V» y en un país que «vuelve al mundo», lo que se discute a puertas cerradas del Congreso es el desplome inducido de una cadena productiva estratégica. El vaciamiento no es un efecto colateral: es la consecuencia buscada de un plan que prioriza los intereses extranjeros por encima del consumo popular y del trabajo bonaerense.
La interna del oficialismo termina de desnudar la operación. Patricia Bullrich está molesta porque la vicepresidenta Victoria Villarruel no da el giro a comisión de la propuesta que ya se aprobó en Diputados. La disputa no responde a una cuestión de prolijidad parlamentaria: es el apuro por concretar una cesión que la Provincia de Buenos Aires, motor productivo e industrial del país, pagará con fábricas que cierran, puestos que se pierden y precios de medicamentos que se disparan.
El cuadro es claro. El Ejecutivo nacional hace tiempo que eligió de qué lado está, y cada reunión con las cámaras empresarias del norte confirma que la soberanía productiva figura al final de su lista de prioridades. Si la reserva del artículo II cae, la asfixia sobre la industria nacional se profundizará y el modelo seguirá cobrándose víctimas en la provincia que más produce. Lo que se negocia en estos días no es una ley de patentes: es cuánto de la producción local se entrega y cuánto del trabajo argentino queda en el camino.